EIN TIAS
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triosa de Europa; al siglo XVI en que las Labio cas de lana eran, y aun las de seda, tan abundan- tes que abastecian las Indias Ocidentales y otras partes, prohibiéndose enteramente la saca de es- tas primeras materias; siendo tanta la concurren- cia, el despacho, y la actividad de su comercio que los comerciantes de la carrera de Indias, adelan- taban á los fabricantes la obra que podian hacer por seis años; ¿que falta tendriamos de vender nuestras lanas á los estraños? ¿Cómo nos somete- riamos á llevárselas, como lo estamos haciendo, á sus mismos almacenes, donde por fuerza nos dan la ley teniendo que venderlas aunque perdamos, porque ya no pueden pasar de allí? ¿Qué necesidad tendria la imayor parte de nuestros propietarios ó especuladores en este ramo, de tomar fondos an- ticipados de los extrangeros á cuenta de las reme= sas que les hacen y que solo se verifican cuando ya
tienen el conocimiento de su embarque ó estan en
la frontera; con un dispendio de cinco ó seis por
ciento de intereses de una anticipacion tanto mas
asegurada cuanto tienen en su poder prenda de ma-
yor valor? ¿Qué necesidad habria de pagar segu=
ros, mantener comisionados mas ó menos celosos,
de mayor ó menor probidad, pagar almacenes, y
lo peor de todo entregarse á comisionados ó com-
pradores(que tal vez son unos mismos) desconoci-
dos y sin mas crédito que el que les quiere dar la
Opinion de las plazas de comercio, y venderles las
lanas á plazos de nueve, doce y diez y ocho me-
ses?
He aquí una bien extraña contradicion: noso- tros nos compramos y nos vendemos las lanas al contado, ó á unos plazos bien cortos, siendo co- nocidos, amigos ó parientes, sin fiarnos al parecer


