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nós hallamos de ho tener fábricas y querer usar de los paños finísimos de Louviers y Sedan, nos salen mas baratos que nos saldrian, si no les diésemos la primera materia: mas claro: si les vendemos una libra delana por 20 reales vellon, y nos la vuelven en una vara de paño, que vale 100, se verifica que no les damos mas que 80.
Hay otra ventaja, que es muy digna de aten- cion, particularmente respecto de la Francia; y€s que cuanta mas lana fina tengamos y les venda- mos, tanto mas envileceremos la suya mejorada; porque nuestra abundancia, y la baja de derechos de extraccion, que acaso con el tiempo podrán ex- tinguirse del todo,* hará que podamos dársela mas barata que la suya, que solo la pueden criar á grande costa y con la esperanza de venderla, como lo logran hoy á buen precio; y faltándo- les este, como sucederia irremisiblemente en la generalidad de sus lanas, con la abundancia, baja de precio y esmero que llevarian las nuestras á sus mercados decaerian de ánimo viendo que los pro- ductos no correspondian á sus gastos.
Y si tuvieramos fábricas, ó logramos como po- demos y debemos aspirar á ello, ¿qué riqueza se- ria igual á la nuestra en esta parte? Si nos vol- viéramos á aquellos tiempos en que la España era la
mas guerrera, la mas navegante, y la mas indus-
* Esta prevision sin duda y la baja de precio, que tambien ha esperimentado su lana por la abundancia de los años pasados, y mayor todavia de paños, ha hecho que los franceses hayan im- puesto 60 francos á cada 100: kilogramos: de Jana lavada y 20 en sucio de cuantas entran del extrangero; así como lo hicieron tambien los ingleses el año pasado, cargándolas enormemente co- mo saben todos los ganaderos.
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