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57 empuerquen, ni se desperdicien por los suelos, ni menos ensucien la lana: en separar el ganado enfermo del sano, aunque el mal no sea conta- gioso: en evitar muy particularmente se intro- duzcala roña, y curarla con los remedios que no deterioren la lana; y en una palabra en no aban- donar á sí mismo el ganado estante como se ha hecho hasta aquí;«sino caminar bajo del con- cepto de que de su conservacion pende la nuestra, y que su fruto de lana siendo de un mismo orígen, ha de merecer nuestra estimacion y de los extran- geros como la trashumante: que toda la lana de España, á excepcion de la que se destine para col- chones, orillos y otros usos que se juzguen necesa- rios, sea fina y tan fina como puede serlo» y Cco- mo no la tendrán jamas los extraños si se les qui- ta el medio de la regeneracion con la falta de nues- tros moruecos y crias que anualmente les entran; de que resultará forzosamente su necesidad de com- prarla. y nuestra utilidad(en la actualidad de no tener bastantes fábricas) en vendérsela.
Con efecto en cualquiera de los dos estremos de tener nosotros ó no tener fábricas donde con- sumir las lanas, nos es sumamente ventajosa la, crianza del ganado lanar fino; porque aunque es verdad que para un millon de pesos que nos dan los extrangeros por nuestras lanas, como obser- ba juiciosamente nuestro Uztariz, se nos llevan cinco en las manufacturas que nos venden de las mismas lanas; siendo, dice, la misma abundan- cia y excelente calidad de nuestros materiales que Dios franqueó á la España, y habia.de ceder en beneficio de sus moradores, instrumento principal de que se valen las naciones para su prosperidad y nuestra ruina; sin embargo en el caso en que
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