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15 los fabricantes la pagaron al precio mas alto de las de España.
Se repitieron los ensayos con lanas de Dau- benton en Abbebille y en Louviers, y los pa= ños sacaron el mismo grado de finura y perfec- cion que los de España. Finalmente la fábrica de tapices de Julienne en los Gobelins de París, tan digna de los elogios de todos los extrangeros, hizo las mismas pruebas, y los paños tomaron un hermoso color de grana.
Los ganados españoles que Daubenton tomó para su ganadería provenian del que Trudaine sacó de España en 1776, compuesto de doscien- tas cabezas, que se repartieron á diversos parti- culares de diferentes provincias, cuya casta pa- rece que degeneró ó se perdió totalmente; me- nos la, que cuidó Daubenton y un tal Barbengois que habia tomado al mismo tiempo cuarenta ca- bezas, cuyos descendientes existian en 202. Las lanas de este ganado presentadas 4 la sociedad de agricultura del departamento del Sena, igua- lan en hermosura y finura á las de España de pri- mera calidad. Este hecho y otros muchísimos prue= ban que las castas de las merinas de España pue- den fácilmente criarse y dar constantemente da= nas finísimas en climas diferentes de los espa- Doles.
Es verdad que no han prevalecido en el dez partamento del ludre; pero ha provenido del ré= gimen que se ha tenido con ellas; porque los pro- pietarios se obstinaron en conservar un número igual de cabezas españolas al que acostumbraban tener del ganado suyo, que es mas pequeño y no necesita de tanto alimento; de suerte que care- ciendo de pastos y cebos necesarios, contraje-


