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E cientes, Los primeros diasse mantuvieron bien; pe- ro á luego empezaron á morirse, á causa de que aunque los pastoseran sanos, pero estaban apurados; y habiendo yo ido á verlos, las hice trasladar y aproximar á Marsella, y á beneficio de una here- dad de avena todavia verde, se restablecieron.
Mr. Jaubert llegó con la segunda remesa á Tolon, y me avoqué con él en aquel lazareto. Dí-= jome habia perdido 100 cabezas desde que se em- barcó en Caffa, no obstante de que su embarca cion era mayor; y que la perta dimanaba de la misma enfermedad de pecho, y que todas estaban apestadas de sarna, aunque no de tan mala ca- lidad.
Como ya iba siendo tiempo de asegurarme del mejor parage para” colocar las 100 cabezas que tenia que elegir de las dos remesas para el gobierno; dejándome de noticias vagas, pe- netré hasta Perpiñan, donde reconocí que la ga- nadería real, sus contornos y el pais, me propor- cionaban facilmente todos los recursos que yo ne- cesitaba. Porque el Rosellon es montuoso y Se hallan en él diversas distancias mas ó menos cáli- das, mas ó menos frias, que segun las alturas producen plantas de Silberia y de Africa; bien es verdad que yo ignoraba entonces cual tempera- tura seria la mas conveniente á estas cabras.
Me volví á Tolon leuo de estas ideas, y ele- gi 83 cabras, cuyo vello era conforme con las muestras que me habia remitido el ministro con el sello real, y el de Mr. Ternaux; el cual paquete no debia abrirse, sino á presencia de un comisio- nado por el prefecto, y otro de Ternaux, for= mándose expediente de la confrontacion. Dirigí las cabras hácia Marseila, costeando la mar por evis
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