(58) cia, no perdonó trabajo ni fatiga en sus re- petidos viages á España para adquirir ove- jas y carneros de las cabañas mas acredi- tadas: y al fin acabó sus días en el año de 1805 en el lugar de Sigueruelo, par- tido de Sepúlveda, quando andaba ocu- pado con el mayor ardor en la reunion del rebaño que habia de conducir á su patria. En suma aquel gobierno no ha ce- sado de llevar adelante la perfeccion de sus ganados lanares trasladando anualmen- te á costa de enormes gastos un crecido número de nuestros merinos para cruzar- los con aquellos: siendo tanto el empe- ño, que sus mismos escritores(1) se glo- rían de haber ya conseguido este objeto, y se atraven á asegurar que no está lejos el momento en que España perderá las
considerables utilidades que ha sacado has-
(1) Lasteyrie en su tratado de reses lanares de España.
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